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Para que nunca lleguemos ahí. Al fondo

Te acaricio los ojos con lo que puedo. Párpados inflamados, ojos rojos, reventados, fuera de ti y siempre de mi. Con mis ojos oscuros, orientales, ausentes y con la boca entreabierta, casi sonriente. Somos impulso, soy pulsíon. Tánatos viene a mi. Sin vergüenza. ¿Por qué habría de tenerla? Si tu tampoco puedes. Tu tampoco quieres que lleguemos ahí. Y no te atreves a ver mis ojos (mejor así) grandes, sin venas, castaños, abiertos, de mañana, occidentales. Aterradores. Elucubrantes.

Mala poesía, pero mia

Pinturas lágrimas Tienen miedo de mis pinturas, de mis colores lágrimas Tienen pena de mis penas lágrimas. Tienen risas nerviosas de mis lienzos lágrimas Tienen lo que no tengo y tanto añoro, tienen mi poesía a la distancia Tienen mi obra en el cajón. Mientras yo Perseguida, hostigada, sumergida, contrariada y ceño fruncida. Me agoto de mis lienzos Lágrimas Ya no vienen más, se cansaron de llorar. De llorarle a mis colores, de caer sobre la mesa, de ir siempre para abajo. Ojos rojos de dolor. Manos sucias de pintura, dura Entre las uñas, pasta Pasta de pintura, roja. Tengo miedo de esa forma Lágrimas Lágrimas en el cajón, Lágrimas que no pintan, lágrimas que no tienen color. Color que no se asoma, color que de mi asoma Color que no pinta, color que ya no grita, que no dice nada; Que me irrita. Calma. Drama. El drama de mis lienzos. Lágrimas.

Como Brote.

Como brote psicótico fue diagnosticado el episodio, que nunca recobró de su vida Elvira. Ese día despertó más confundida que de costumbre, con el pelo más corto de lo que recordaba, la casa de cabeza, los discos rotos, regados por el piso, cigarrillos sobre la cama, quemaduras en los brazos y piernas. Entonces decidió buscar ayuda, esto no podía seguir así. Fue enseguida donde los especialistas, ya antes alguien le había comentado de este lugar donde ayudaban a gente con bajos recursos económicos y quedaba a pocas cuadras de la casa donde Elvira vivía en ese entonces. Primero fue entrevistada por una mujer. ¿Por qué ha venido? – Preguntó la mujer de voz suavemente fingida, inclinando su cuerpo hacia adelante como queriendo establecer intimidad. Elvira en la silla del frente. Avergonzada contestó – No recuerdo el día de ayer – y le mostró la mano izquierda. Con una media sonrisa forzada la mujer de voz fingida le pregunto de nuevo - ¿escucha voces? ¿Sabe quién la hizo eso? Elvira enmude...