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Me urgen.

Me urgen las fuerzas para dominar al único ser dominable: Mi yo y mi Mi. Me urge una sábana, un olvido perpetuo. Una palabra sin pasado y una transformación. Me urge un puente entre lo que soy y lo que era. Mi cuerpo se ha ido. Empeñado en quedarse, se ha ido. Duele. Me urge una cintura nueva, que aprenda a bailar. Una cintura que ya no baile con nadie, que baile a el ritmo mío. Que no se deje tocar. Me urge vaciarme. Encontrarme. Sostenerme. Apaciguarme.Creerme. Sostenerme. Sostenerme. Me urgen un par de días más para aumentarlos al año. Unas horas. Un día para borrar, para cambiar. Un rebobinador, un control remoto, una cinta borrada. Un invidente, un ciego. Me urgen, unos ojos nuevos.

El perfume

"Haz cambiado" seguido de una gran sonrisa de satisfacción al compararme con la que a tus ojos, ERA yo. El motor andaba intenso por aquellos años, solo se detuvo un tiempo para recargar su anarquía. Si yo les dí un respiro, ustedes no hicieron más que decorarme. Para olvidar lo que desengaña, lo que aterra, para desertar el suicidio, para no tener nunca que volver(me)(ver) a nacer. Como cuando llaman por teléfono y el que buscan no quiere contenstar. Con ese gesto silencioso, desde lejos se señala el pecho y niega con la cabeza su presencia. El interlocutor le cree al tercero y alguien desaparece... aunque su perfume deje los rastros innegables de un motor en vigilia. Escucha un poco mejor. 

Para que nunca lleguemos ahí. Al fondo

Te acaricio los ojos con lo que puedo. Párpados inflamados, ojos rojos, reventados, fuera de ti y siempre de mi. Con mis ojos oscuros, orientales, ausentes y con la boca entreabierta, casi sonriente. Somos impulso, soy pulsíon. Tánatos viene a mi. Sin vergüenza. ¿Por qué habría de tenerla? Si tu tampoco puedes. Tu tampoco quieres que lleguemos ahí. Y no te atreves a ver mis ojos (mejor así) grandes, sin venas, castaños, abiertos, de mañana, occidentales. Aterradores. Elucubrantes.

Escondidas.

¿Es acaso entonces el fin de la palabra? Un destierro de mi misma me abruma, me obsesiona Insano destierro Malicioso exilio. Ausente de razones Sin explicación Sin compasión. Mi espalda erguida aguarda Los huesos de mis dedos Antes doloridos Atentos. Los dos pies en el suelo, y El silencio. Y junto los párpados, las manos con frío. Los sueños, dormidos Que están al fondo Escondidos. Los sueños también saben callar. Mi nariz ya no aspira Me ahogo. Ni el propio batir de esta asfixia arranca un sonido Sonido que le dé calma al poder, sigiloso Poderosa tocata que no para Callada. Como si esta orquesta me mirara De frente y se riera de mi, Insolente. Enajenada me pierdo a mí Entre las hojas pasadas, quemadas. Y el miedo gélido, me ataca a mí No aprendí las coartadas. Toco, intento Abro la boca La cierro Casi loca Pienso Lo que más temo. Que se acabo el verano Que se fueron las lluvias Ya no caerá el granizo Así, de improviso. Que no habrá más días grises Que no llegarán las tormentas El cie...

Buscando un color...

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La casa del árbol.

Dejó solo esta nota , no me dice nada importante y no creo que regrese antes de la media noche, nunca llega antes de la media noche. Bien, entonces abrígate y ven para mi casa, tengo algo que mostrarte – dijo Juan Jo en voz baja. Almudena colgó el auricular y salió tan rápido como pudo. Camino durante 20 minutos, el frío le entraba por la cara, las orejas se le congelaban, sentía que se le iban a caer en pedazos, hasta que por fin llegó. ¡Hey Juan Jo! ¡Ya llegué! – gritó desde abajo. Juan Jo salió por la ventanita del lado y le hizo un gesto. Por el lado más grueso del árbol, lanzó una soga y la ayudó a subir. Una vez arriba, Almudena se acomodó en una esquinita de la pequeña casa, sobándose las manos y soplando aire caliente entre ellas. - ¿Qué cosas me quieres mostrar? Hazlo rápido porque tengo que irme cuanto antes, si se dan cuenta que salí, me matan – Juan Jo se quedó mudo. – la verdad es que no tengo nada en especial que enseñarte, es solo que quería verte. Decirte algo. ¿Para e...

Nota.

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Sin encontrarle salidad a su desdicha . Edvard de 33 años, decicidío suicidarse. Colgandose del techo de su taller, donde había trabajado los últimos 13 años de su vida. Lo encontró su hermana mayor Rachel, que llegaba con un regalo para él, le había comprado un gran trozo de mármol para que lo esculpiera. Dejó solo esta nota

Nada de libertad.

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Nada de libertad , algo de libertad, poquita libertad, mucha libertad, la libertad completa. Pensándolo bien y más ¿Qué vendría a ser la libertad? Según la RAE (Real Academia Española) en su primera definición: Es la facultad que tiene el hombre de obrar de una manera u otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. ¿En qué medida somos libres? ¿Será posible ser libres? ¿Qué definición tiene cada persona de “la libertad” o para ser más específicos de su libertad? Cada uno puede ver la libertad desde su perspectiva y analizar si tiene o no libertad. Libertad para elegir que hacer, libertad para elegir qué no hacer. Pero, ¿Si no se está seguro de que se quiere hacer? La libertad del individuo se ve matizada por todos los factores que nos rodean, las reglas y los sistemas establecidos nos hacen sentir que nuestra libertad está circunscrita por lo que otros eligieron antes que nosotros. Entonces, digo yo, dentro de lo que ya existe ¿podremos actuar con absoluta libertad? No....

Los riesgos de estar cómodo...

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Tenerlo todo en la vida, no es posible para la gran mayoría. Lo sabemos, acomodarse con lo que se tiene, es lo que todos intentamos hacer para estar “en paz”. Pero ¿Qué pasa cuando eso que tenemos se nos hace costumbre? Nuestra rutina nos impide muchas veces RECREAR el ambiente en el que vivimos y nos acomodamos a las circunstancias para no “hacernos (más) problemas”. Perdemos la noción de lo frágil de la existencia y nos dejamos llevar, nos metemos al círculo de vivir como nos toca. Nada tiene que ver esto con el “que todo fluya”, ni mucho menos con el deseo de sentirse bien. Ese es otro tema. Más allá de sentirse bien es necesario activar nuestro espíritu de sobrevivencia. Ponernos al límite de las cosas y hacer esfuerzos que parecen no ser necesarios, con el propósito de darle impulso a nuestro carácter, de modelar nuestra personalidad, de no pasar la corta (o larga) vida solo haciendo lo “fácil”, lo que se nos da bien. Si controlamos todo, si tenemos todo al alcance de nuestras man...