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Segundo a Segundo...

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Minutos, horas, dias, meses, años... el tiempo pasa igual... Yo descanso frente a estos tejidos que de mi se esconden... Mi yo se resiste a "limpiar" ciertas cosas. Ciertas cosas son muy mias...

Tiempo...

Veintisiete años, pistola en la cartera Somníferos en el baño, no importa la manera Dicen que me hago daño No hay barreras, no hay coto. La furia de mis años, las escenas que no están Un teatro vacío Las luces en mi rostro Vestidos llenos de pena Obras sin terminar. Los tiempos confunden a todos Yo no sé la realidad Quisiera salir de ella Pero Ya no me quiero matar. Los del pozo ya no llaman Aunque yo quiero a veces bajar. Veo ahí En mi sombra Parada El ayer de mi esbeltez. Mis cabellos de lo eterno Lo que no pude detener. Invariablemente hay mucho tiempo Y no lo debo perder. Y aunque lo pierda de vista Relojes muertos de mano Relojes muertos de pared.

Buscando un color...

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Reloj

Reloj, no te encuentro. Reloj, dime la hora. Reloj no retrocedas,dame certezas. Tic, tac, tic, tac... Asi no puedo. Una hora en el ordenador, otra hora en mi reloj de pulsera, otra en el de pared y otra hora en el celurar. Celular con contactos que ahora duermen. Celular con contactos que no quiero llamar. Nuevos contactos. No tengo contactos. No quiero contactos. Reloj, dame la hora.

La casa del árbol.

Dejó solo esta nota , no me dice nada importante y no creo que regrese antes de la media noche, nunca llega antes de la media noche. Bien, entonces abrígate y ven para mi casa, tengo algo que mostrarte – dijo Juan Jo en voz baja. Almudena colgó el auricular y salió tan rápido como pudo. Camino durante 20 minutos, el frío le entraba por la cara, las orejas se le congelaban, sentía que se le iban a caer en pedazos, hasta que por fin llegó. ¡Hey Juan Jo! ¡Ya llegué! – gritó desde abajo. Juan Jo salió por la ventanita del lado y le hizo un gesto. Por el lado más grueso del árbol, lanzó una soga y la ayudó a subir. Una vez arriba, Almudena se acomodó en una esquinita de la pequeña casa, sobándose las manos y soplando aire caliente entre ellas. - ¿Qué cosas me quieres mostrar? Hazlo rápido porque tengo que irme cuanto antes, si se dan cuenta que salí, me matan – Juan Jo se quedó mudo. – la verdad es que no tengo nada en especial que enseñarte, es solo que quería verte. Decirte algo. ¿Para e...

No todo tiene un por qué...

No todo tiene un por qué me dijo Yahaira al otro lado de la línea mientras llovía a cantaros en la ciudad de Buenos Aires donde yo estaba. De esto hace al menos tres años. Ya no recuerdo exactamente de lo que conversábamos ese día, lo que sí sé es que hablábamos cada dos meses y cuando lo hacíamos era por largas horas. Ella me llamaba de su teléfono celular desde Lima cada vez que algo estaba saliendo fuera del control de su vida y yo la escuchaba decir cosas que nada tenían que ver con lo que en realidad estaba pasándole. Pero hay amistades en que las cosas quedan tácitas, los códigos se mantienen a pesar de las distancias y de los años. Las dos nos sentíamos solas, pero yo no lo estaba. Al menos eso creía en ese momento. Discutíamos de los cuadros que yo pintaba recientemente, de los planes que teníamos para poner talleres de arte. Hablábamos de la guitarra que había comprado; decía que se había vuelto compositora. “Llegar de trabajar a las ocho de la noche todos los días y ponerme ...