Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como hasta nunca

Un domingo.

Un domingo, nunca debe acabarse un libro al medio día. Un domingo, nunca debe borrarse una foto de casualidad. Un domingo, jamás se debe empezar a beber de noche. Un domingo, no debes tocar a nadie de esa manera.

El perfume

"Haz cambiado" seguido de una gran sonrisa de satisfacción al compararme con la que a tus ojos, ERA yo. El motor andaba intenso por aquellos años, solo se detuvo un tiempo para recargar su anarquía. Si yo les dí un respiro, ustedes no hicieron más que decorarme. Para olvidar lo que desengaña, lo que aterra, para desertar el suicidio, para no tener nunca que volver(me)(ver) a nacer. Como cuando llaman por teléfono y el que buscan no quiere contenstar. Con ese gesto silencioso, desde lejos se señala el pecho y niega con la cabeza su presencia. El interlocutor le cree al tercero y alguien desaparece... aunque su perfume deje los rastros innegables de un motor en vigilia. Escucha un poco mejor. 

Para que nunca lleguemos ahí. Al fondo

Te acaricio los ojos con lo que puedo. Párpados inflamados, ojos rojos, reventados, fuera de ti y siempre de mi. Con mis ojos oscuros, orientales, ausentes y con la boca entreabierta, casi sonriente. Somos impulso, soy pulsíon. Tánatos viene a mi. Sin vergüenza. ¿Por qué habría de tenerla? Si tu tampoco puedes. Tu tampoco quieres que lleguemos ahí. Y no te atreves a ver mis ojos (mejor así) grandes, sin venas, castaños, abiertos, de mañana, occidentales. Aterradores. Elucubrantes.

La casa del árbol.

Dejó solo esta nota , no me dice nada importante y no creo que regrese antes de la media noche, nunca llega antes de la media noche. Bien, entonces abrígate y ven para mi casa, tengo algo que mostrarte – dijo Juan Jo en voz baja. Almudena colgó el auricular y salió tan rápido como pudo. Camino durante 20 minutos, el frío le entraba por la cara, las orejas se le congelaban, sentía que se le iban a caer en pedazos, hasta que por fin llegó. ¡Hey Juan Jo! ¡Ya llegué! – gritó desde abajo. Juan Jo salió por la ventanita del lado y le hizo un gesto. Por el lado más grueso del árbol, lanzó una soga y la ayudó a subir. Una vez arriba, Almudena se acomodó en una esquinita de la pequeña casa, sobándose las manos y soplando aire caliente entre ellas. - ¿Qué cosas me quieres mostrar? Hazlo rápido porque tengo que irme cuanto antes, si se dan cuenta que salí, me matan – Juan Jo se quedó mudo. – la verdad es que no tengo nada en especial que enseñarte, es solo que quería verte. Decirte algo. ¿Para e...

Chau

Le digo adiós, a mi color de pelo, a mi soltería, a la ropa vieja y los tres cafés diarios. Hasta nunca a las cientos de hojas de papel que rodean mi escritorio, a los zapatos que me hacen daño, al azúcar refinada, a la manía de la aspiradora y a la vergüenza de los baños ajenos. Desalojaré mi cabeza, mi memoria y algunos sueños, mi ordenador será su nueva casa. Me despido de algunos prejuicios y suprimo cada vez más principios, no han servido de nada. Chau al vino malo, a las horas perdidas con pastillas extrañas, a morderme las manos y al temor al deporte. Elimino para siempre a 36 “amigos” de mi red de “amigos” que no sé quiénes son y que invaden mi Messenger. Pondré mi alarma de una vez y sonará a la misma hora. Eliminaré los sueños que tengo desde hace mucho, para adquirir otros, unos que antes no he soñado. Seré rubia por primera vez, rechazaré mis inclinaciones hippies y seré una mujer del nuevo milenio; una ama de casa, artista, amiga, esposa, trabajadora vital y motivaré los n...